Archivo de Diciembre, 2009
Avatar
Dic.21, 2009 | Cine | 0 comentarios

A ver, cómo empiezo yo a hablar de Avatar. Partamos de una base: yo el sábado, a la una de la madrugada y con los ojos más bizcos que Fernando Trueba, salí encantadérrimo de la película en cuestión. Nadie pone en duda que en el cine, ese de llenar salas a cascoporro, el de sábado por la noche, palomitas y cocacola de litro, habrá un antes y un después tras Avatar. James Cameron se empeña allá por donde va en dejar su impronta y poco le importa tenernos doce años esperando con tal de que luego digan joder, qué bueno es este tío, que se tira tanto tiempo preparando algo.
Y claro, en doce años hay tiempo de sobra para hacer algo del copón.
Lo que ocurre es que la película será mucho más recordada por la manera de filmarse, por las técnicas empleadas, que por otra cosa. Y es que en esta ocasión ocurrirá lo mismo que con Titanic. Copará -supongo- gran parte de los premios técnicos -que sin duda se merece-, pero en lo que se refiere a historia, a hilo argumental con que dejar la boca abierta, pasará sin pena ni gloria. Titanic era un truñaco que desbordaba miel por cada una de sus esquinas, y Avatar, pese a la heroicidad, pese al canto naturista, ecologista y proindígena, no deja de ser algo que ya hemos visto.
Y es que independientemente del dispendio sin medida (o bueno, sí, mensurable, exactamente en 300 millones de euros), de efectos especiales, el tufillo constante a “esto me suena a otra cosa” es innegable. No sé yo si Kevin Costner se habrá tomado muy a bien que hayan cogido su Bailando con lobos, lo hayan trasladado a 2154 a un planeta bastante lejano, y le hayan cambiado el nombre.

Porque es lo que ocurre. A lo largo de todo el metraje -tres horitas que afortunadamente, con tanto derroche visual, se hacen cortas- uno está imaginándose que está en el antiguo Oeste, que el Teniente Durban se llama ahora Jake Sully, que los malos en vez del Séptimo de Caballería, son los Marines americanos, y que los buenos, en vez de Sioux amantes de la tierra en que viven, son unos humanoides de azul llamados Na´vi.
Quizás en la Disney no muestre tampoco mucha ilusión por la jartá de similitudes con Pocahontas. Que se pongan a la cola.
Y ya. Todo lo demás no importa. O sí. Un aplauso infinito para todo el universo paralelo, detallista hasta la saciedad y más que barroco, rococó y perfeccionista que hace que estés constantemente con los ojos como platos. Es digno de elogio haber creado un mundo desde la nada, y como en el fondo todos somos muy sensibleros, pese a que en todo momento sepamos qué va a ocurrir, y cómo va a acabar -la imprevisibilidad nunca fue uno de los fuertes de Cameron- en las partes claves y álgidas de la historia se nos pongan los pelos como escarpias.
Lovely luna – Chang y Eng
Dic.15, 2009 | Música | 0 comentarios

Y volvío el cabaret. Y miren vuesas mercedes que servidor de ustedes tenía ganas ya de disfrutar del tercer trabajo de la pareja formada por Félix Mañas y nuestro querido Xoel López. Cinco años, exactamente, han tenido que pasar. Menos mal que veinte años no son nada.
Chang y Eng es un disco mucho más preparado que sus predecesores. No pierde en ningún momento el aire de jarana, de fiesta circense con tres saltos mortales y medio tirabuzón en el que tanto Félix como Xoel se olvidan de arquetipos, modas y estilos y se limitan a hacer lo que dos amigos haríamos en un encuentro tras tanto tiempo: lo que venga en gana, lo que surja, y lo que apetezca. Si, como en el caso, se puede hacer con medios, con arte y poniendo letras, guitarra y voz en acuerdo para sonar con cuerpo, pues perfecto. Un día comansi.
Pese a esta libertad a la hora de componer, sí que se pueden echar en falta los infinitos matices musicales, la disparidad sonora y las sorpresas que proporcionaba Las cosas que nadie deb ver. En Chang y Eng las guitarras y las voces, más que dominar, monopolizan todo el espacio. Sólo, en determinados y puntuales momentos, se permiten la licencia de incorporar armónicas y pianos, o la trompa de Julián López -Muchachada nui-, que ya colaboró en Resurrención.
Quizás todo viene por la intención de dar prioridad a las letras. Recordemos que Xoel López ha abandonado -esperemos que, como Tiger Woods, indefinidamente- la etiqueta indie para centrarse más en la de autor. Así pasan por delante nuestra personajes como protagonistas de relatos cortos, bien diferenciados los unos de los otros, cada uno con su historia particular. Como ellos mismos se han encargado de dejar claro en la nota de prensa, tanto Félix como Xoel se reconocen como “escritores de canciones que se alejan de ornamentos sonoros para sacar lo más esencial de sus composiciones”. Poco que decir después de ésto.
Particularmente me quedo con Parando el tráfico, que abre el disco y ha sido escogida como single, por su positiva melodía de buenrollismo. Destacan también los sonidos de Tan solo es la vida, Balada del hombre desesperado y la novia en el río y Rosa.
Espárragos con habas, edamames y guisantes
Dic.02, 2009 | Cocina | 1 comentario

El plato llevaba en mi cabeza todo el día. Los colores eran mucho más intensos, más verdes, allí. Y el emplatado, con huevo marinado, con clara a punto de nieve, incluso en algún momento con una yema congelada, era distinta. Pero luego uno llega a casa y es más complicado.
Que un plato salga redondo, tanto en sabor como en presentación, es cosa de repetir, repetir y repetir. Y que los comensales, en plan Mafalda -¿otra vez sopa?-, no se quejen en demasía. La semana que viene, más fotografías.
Ingredientes (para dos personas):
Cuatro espárragos cojonudos; 100 gr de edamames; 100 gr de habitas; 100 gr de guisantes; dos nueces de macadamia; albahaca fresca; aceite de oliva; zumo de naranja; vinagre; sal.
También es que, en mi línea, estoy espeso. Así que esta explicación de plato va a ser densa, densa.
En una cazuela, ponemos a hervir los guisantes. En otra, al vapor, hacemos las edamames. En ambos casos se tarda diez minutos en que estén tiernas. Escurrimos los primeros sin perder el agua y nos ponemos a pelar las segundas. Ponemos algo de música, que es un coñazo.
Cuando tengamos peladas las edamames, aprovechamos el agua de los guisantes para hacer las habas, que tardan bastante menos. Tres o cuatro minutos.
Una vez escurridas, mezclamos con los guisantes y las edamames en un bol. Colocamos unas cucharadas en el plato, y encima los dos espárragos. Rayamos en cada plato una nuez de Macadamia. Picamos la albacha fresca, y en un biberón mezclamos el aceite, el zumo de naranja y el vinagre.
Y regamos.
Y casi que si eso y si tal y si lo de más allá la semana que viene, con el segundo intento, lo explico con más detenimiento.