Categoría: Música

The divine comedy – Bang goes the knighthood

May.31, 2010 | Música | 3 comentarios

Empieza Down in the street below y te entran de golpe ganas de ponerte a bailar por el pasillo de casa girando como si tuvieses un acompañante imaginario, y cuando Neil Hannon baja el ritmo quieres abrazarte a tu pareja, como en esas películas romanticonas en las que hay grandes planos de Nueva York repleta de gente. Así de hortera y así de bien. Que The divine comedy no ha venido a contar chorradas.

Y con The complete banker y Neapolitan girl, más de lo mismo. Una intensidad que asusta. Sólo estamos en la segunda y tercera canción y tus hombros no paran de moverse. Y quedan otras trece. Y esos pianos poderosos que marcan el tiempo con la exactitud de un reloj suizo, y otra vez Neil Hannon cantando como si narrase al ritmo de la música y ésto no fuese un disco, y sí un musical, entero de cabo a rabo.

Solo es a la cuarta, Bang goes the knighhtood, Neil Hollan se pone solemne, sin perder esa capacidad narrativa. Más piano. Pero no nos asustemos. Es sólo un paso atrás para tomar impulso hacia At the indie disco, en la que abandona esa pose seria y se pone juguetón. Muy juguetón. No en vano es el single y no en vano ya ha dado para varias remezclas.

Have you ever been in love podría ser la bso de cualquier comedia inglesa con Huge Grant de fondo. Y no malinterpretemos.

Y así hasta el final. Canciones completamente distintas entre sí, pero con ese mismo estilo característico, con esa impronta que Neil Hannon, como si de un Rufus Wainwright irlandés se tratase. Palmas, coros, silvidos cargados de buen rollismo, arpas hasta llegar a momentos de casi desvarío musical, alejándose por completo de las referencias a The smiths, y acercándose mucho más a Charlotte Gainsbourg, por poner un ejemplo.

Caso aparte merece The lost art of conversation, que me parece un pedazo de canción.

Hemos tenido que esperar cuatro años para un nuevo trabajo de The divine comedy. Pero vive dios que Neil Hollan no ha defraudado. Para nada. Bang goes the knighthood es un discazo.

 

Delafé y las Flores Azules vs Las trompetas de la muerte

Mar.27, 2010 | Música | 1 comentario

Delafé y las Flores Azules vuelven. Por fin. Llevábamos dos años y pico esperando. Vuelven y lo hacen sin Marc Barrachina, que ha decidido empezar otro proyecto del que pronto tendremos noticias.

La primera duda que viene a la cabeza es intentar saber si su ausencia ha influído o no. Personalmente soy de la opinión de que no. Recuerdo una entrevista en Mandarina en la que Óscar comentaba que a la hora de trabajar las canciones los tres tenían muy diferenciado quién se encargaba de qué. El cómo se hayan organizado Elena y él ahora, es cosa suya. Lo importante es que continúa habiendo los mismos loops y las mismas montañas rusas que había antes, y que quizás Helena tiene más importancia, más allá de los coros. Egoístamente parece que tampoco vamos a sufrir en demasía.

Sí que se incorporan sonidos que no había antes, eso es cierto. Las trompetas suenan a cascoporro, por ejemplo, y llegando al final del disco tienes la sensación de estar hasta los huevos, pero también hay que tener en cuenta que cuando a Óscar le gusta algo, lo emplea hasta la saciedad. Recuerdo, por ejemplo, el “Dale gas” del anterior trabajo, que aparecía en todo momento y en todo lugar, hasta dando lugar a un subdisco del propio La luz de la mañana.

Hablando de las letras, se mantienen las mismas referencias que nos son comunes a casi todos, lo que se agradece. Es fácil sentirse referenciado en cualquiera de los cortes, cuando hablan de jugar al guitar hero o ver diez capítulos seguidos de cualquier serie (Río por no llorar), o de sangrías heladas y popeyes de limón (1984). En concreto me parece espectácular toda la letra de Mejor, con alguna frase para enmarcar: vinieron y dijeron que era mejor, y tú les respondiste que mejor es el sabor de una mandarina cuándo la adivinas, mejor en el mar que en la piscina, saltarse la verja si no encuentras la puerta, los escotes en primavera.

Ahí queda eso.

Por otro lado, eh, también hay que pagar el peaje de aguantar algunos ripios que hacen temblar del pánico. Porque para combinar “canciones” con “macarrones” (Primavera), hay que tener huevos.

Vs. Las trompetas de la muerte adolece de alguno de los mismos errores que La luz de la mañana y Vs. El monstruo de las Ramblas. El disco es inestable, con grandes subidones a los que prosiguen fuertes caídas, tanto en estilo (pasas de tener unas ganas locas de bailar a tener que sentarte a escuchar un ritmo denso y lento), como en calidad. Para mí, el disco se acaba cuando llega La compra. Después se apaga rápidamente y dejas de prestar atención a lo que queda.

A la postre te quedas con la sensación de que en el disco hay cuatro, cinco, como mucho seis canciones que merezcan realmente la pena, y que el resto pasarán al olvido. En el disco debut teníamos El mar el poder del mar, Enero en la playa y La fuerza. En el segundo Desde el este, La Juani, El indio y Poquito a poco.

En esta ocasión, destacaría tres canciones por encima de todas: 1984, con un estribillo al mismo tiempo simplista y arrollador (ésta es la canción del verano, y es que ésta es la canción del verano y es que ésta es la canción del verano de 1984), una invitación a manos llenas a bailar estés donde estés e innumerables referencias a Enero en la playa. En mi humilde opinión debería haber sido el single escogido en vez de ese empalagoso ejercicio de buenrollismo que es El espíritu santo.

Las otras dos canciones que más destacan son Mejor, de la que he resaltado antes su letra; y Río por no llorar.

El resto, cierto es que comparándolas con “las prescindibles” de los otros dos discos, ganan, pero creo que es más por la novedad, por el ser canciones a las que no estamos acostumbrados y que hemos aún de terminar de digerir, que por otra cosa. Probablemente de aquí en un par de meses sean canciones que uno pueda saltarse sin remordimientos. Hete ahí mi miedo.

En definitiva, Delafé y Las Flores Azules vienen bajo el brazo con un disco continuísta, alegre, luminoso, y que se disfruta, ciertamente. Aunque en la primera escucha se haga algo tostón -a mí me ha pasado- después comienzas a disfrutarlo. A ver cuánto dura.

 

Bla – La mejor enfermedad

Mar.22, 2010 | Música | 1 comentario

Al parecer Belén Chanes y Luis G. Morais no tienen suficiente con L-Kan, con el Ocho y medio y con El elástico que todavía tienen tiempo -y ganas- para proyectos en paralelo. Aunque lleva ya unos días disponible en la tienda de Elefant, hoy sale a la venta La mejor enfermedad, su primer disco como Bla, grupo formado por ambos para “cambiar el rumbo, abrir puertas y probar cosas nuevas” (nota de prensa dixit).

¿Por qué Bla? Pues yo no sé, pero la verdad, escuchando el disco, da la sensación de que Belén y Luis tenían en la cabeza canciones que ni de coña hubiesen entrado en un trabajo de L-Kan. Y a canciones como Te espío y te archivo, o Cómo seremos me remito. La primera está construída sobre una base de pop íntimo, minimalista en los arreglos a años luz de el tecnopop al que nos tienen acostumbrados. A lo largo de todo el disco tenemos la sensación de que Bla es más tranquilo, más sosegado que cualquiera de L-Kan, sin estridencias, más para escucharlo relajado en casa que a las cuatro de la mañana en un local abarrotado. Aún con esas sí que hay canciones que no pueden evitar mirar, aunque sea de refilón, a la pista de baile, como Los ex-novios o La canción que nunca llegó a serlo, en los que no han renunciado al theremin, que tan de moda se está poniendo, y a las programaciones habituales.

Las letras continúan siendo igual de incisivas, cargadas de guiños intelectualoides, aunque dejando aparcada la capacidad para reírse de uno mismo -supongo que es lo que tiene no tener a Olav en el proyecto-. Pese a todo, pese a esa seriedad, hay algunos textos geniales. Tremendas en este sentido Yo soy como Portugal (todos me descubren tarde y mal, un país sin visitar al final al que nunca da tiempo a llegar) y Cómo seremos (habrá que ver si yo seré una señora, o si tú serás también un señor, o si seremos padres bohemios desnudos por el salón). Para irreverente, Los ex-novios (son para mí como ropa pasada de moda, me entusiasmaron un día pero ahora ya no los llevaría).

En definitiva, Bla no deja de ser, realmente, una apuesta diferente. Belén y Luis no se atan con las expectativas que el sonido de L-Kan genera entre sus incondicionales y caminan por un camino completamente distinto, a veces más sencillo -se agradece escuchar la voz de Belén en la dulcísima La lluvia, el viento, los contratiempos- y otras veces más elaborado. De una manera u otra, más introspectivo.

A disfrutarlo.

 

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