Anticristo
Ago.23, 2009 | Cine | 1 comentario

No sé si es un espóiler de esos que tanto le gustan a mi amigo Ozonas, puede ser, pero yo prefiero considerarlo una recomendación: Si vais a ver la última de Lars Von Trier es probable que estéis varios días sin querer tener nada de sexo. A partir de ahí, vosotros mismos. Quizás os va el rollo celibato.
Vale que Lars Von Trier sea un ególatra de cuidado, vale que todo su cine sea más raro que un perro verde, vale que Dogville, Bailando en la oscuridad o Rompiendo las olas son peliculones, pero de ahí a creerse que posee carta blanca para hacer lo que quiera y le venga en gana, hay un mundo.
Y poco me importa que Charlotte Gainsburg se haya llevado el premio a la mejor actriz en Cannes y que la película sea tildada de escandalosa y eso derive en más espectadores en las salas. No. Anticristo es un truño de dimensiones gigantescas, aquí y en la China, la Popular y la otra.
Partiendo de una premisa sencilla, la muerte del hijo de una pareja, y la posterior crisis de identidad de la esposa, Lars Von Trier nos presenta un paseo que pese a que él quiere que sea por el propio infierno, sólo llega a acercarnos a la rivera del aburrimiento. Para intentar evitarlo -porque supongo que leyendo y releyendo los vacios diálogos se daría cuenta hasta él mismo- recurre a escenas de profundo mal gusto, que no es que rayen, si no que superan con creces, el cine gore, y que son complemente innesarias.

Además la cinta está llena de simbolismos ridículos, y a partir de ellos uno no sabe si es Anticristo es un canto al feminismo a través del dolor o por el contrario un mero ejercicio misógino; aparte, la violencia y el sexo, tan explícitos ambos, nublan por completo cualquier atisbo de coherencia en la trama, saliendo de la sala con la sensación de haber presenciado, nunca mejor dicho, una paja mental para el único disfrute del director.
Pese a todo, hay que reconocer que con la cámara Lars Von Trier es uno de los mejores directores actuales (sin duda no “el mejor director del mundo”, como dijo él en Cannes), y es visualmente donde la película sale mejor parada. No obstante este hecho no redime un ápice al conjunto, que flaquea por todos los lados.
Todos sabemos que Lars disfruta con la controversia, que todas sus películas meten el dedo en la llaga de la conciencia del espectador, y que tiene la virtud de conseguir que una vez fuera del cine, por una razón u otra tengas sensación de mal cuerpo. Pero en esta ocasión pasa la invisible frontera de lo desafortunado y Anticristo se queda en eso, en algo desagradable. Una lástima.
Lo mejor de la peli, el aire acondicionado del cine para pasar una torrida tarde de domingo.
Ese fue el motivo básico por el que nos piramos dejando la peli a la mitad…